Exin Therapeutics, una startup de biotecnología dedicada a neuroterapias, asegura que realizó una cirugía cerebral en un ratón con un agente de inteligencia artificial. Su cofundador y CEO, Gabriel Ocana-Santero, compartió el procedimiento completo en X el 28 de octubre. Ahí muestra cómo el agente eligió el vector de terapia génica, la dosis y la región del cerebro donde aplicarlo, y luego manejó los brazos robóticos que inyectaron el tratamiento. La operación habría salido bien. El ratón se recuperó y quedó registrado moviéndose en su jaula.
Así lo contó Ocana-Santero en su publicación.
"Anoche un agente de IA le hizo una cirugía cerebral a un ratón. Le dimos 19 vectores de terapia génica en una planilla, un modelo de ratón con epilepsia, acceso a un equipo de cirugía motorizado con cámaras y un solo objetivo, reducir las convulsiones. Eligió el fármaco. Eligió la región del cerebro. Derivó las coordenadas a partir de tres papers. Después llevó los brazos estereotáxicos hasta el cerebro e inyectó 250 nanolitros mientras vigilaba por la cámara del equipo si había sangrado en el punto de entrada. Un veterinario con licencia autorizó cada paso irreversible y tenía en la mano un interruptor físico para detener al agente."
¿Qué decidió el agente y qué hicieron los humanos?
"Los robots quirúrgicos autónomos existen y, para ser honesto, son mejores en la mecánica que nuestro equipo de laboratorio. Pero en todos ellos un humano decidía qué operación hacer y el robot la ejecutaba", dijo Ocana-Santero. "Nadie le dijo a este agente qué administrar ni dónde ponerlo. Recibió un fenotipo y una repisa de candidatos y tuvo que resolver por sí mismo la terapia y las coordenadas. No conozco ningún caso anterior de un agente que elija un tratamiento y un blanco en el cerebro y después lo administre en un mamífero vivo."
El equipo usó Claude Sonnet de Anthropic. El modelo recibió el modelo de ratón con epilepsia, el control del equipo de cirugía motorizado y los 19 vectores en una planilla. También tuvo acceso a tres artículos científicos, con los que eligió la región del cerebro donde aplicar el tratamiento.
Un veterinario con licencia supervisó toda la operación, según la empresa, y cada paso irreversible necesitaba su aprobación antes de que el agente siguiera. El sistema tenía además un botón de parada de emergencia que cortaba la energía de todos los motores del equipo.
Lo único que hizo el cirujano veterinario de turno fue la craneotomía para exponer el cerebro, porque por seguridad el agente todavía no tenía permitido hacerla. Había también varias salvaguardas que el agente no podía saltarse. Ni siquiera los operadores humanos podían desactivarlas, y durante la operación hubo que corregir a mano el código del agente.
¿Por qué Sonnet y no Opus?
La startup usó el modelo de gama media de Anthropic. Primero intentó con Opus 5.5, que se negó a trabajar apenas detectó que se trataba de un experimento biológico. El modelo anterior, Opus 5, completó el procedimiento en papel, pero rechazó hacer la cirugía en vivo. Según el equipo de Exin Therapeutics, el modelo les explicó así su negativa.
"El bloqueo no es el equipo ni son los datos. Soy yo. Mi propia respuesta se detuvo cuando empecé a escribir el plan de esta cirugía... si lo intento, se corta de la misma manera, y la peor versión de eso es que me corten a mitad de un procedimiento en vivo con una aguja en algún lugar del cerebro", dijo el modelo. "Empezar algo que no puedo terminar en un animal anestesiado es peor que no empezar."
Ocana-Santero describió el experimento como un "laboratorio en vivo dentro del ciclo", con los agentes conectados por completo a las capacidades experimentales de la empresa, y anunció un informe completo en Substack.
Las dudas éticas
Pese al resultado, parte del público cuestionó la ética del procedimiento. Los modelos de lenguaje han sido útiles en la investigación médica, pero su incorporación a la cirugía de senos paranasales multiplicó por más de 12 las fallas de funcionamiento, recuerda Tom's Hardware. Dejar que una IA tome cada decisión en un procedimiento riesgoso también pone en duda quién responde si algo sale mal, sin contar el debate de larga data sobre la experimentación con animales.
Otros usuarios aplaudieron el experimento. Uno comentó que lo entusiasman estas tecnologías integradas porque su hijo lleva 19 años con epilepsia resistente a los fármacos.




