
Un hidrogel impreso en 3D se estira 1100% para hacer robots blandos
Investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái lo trataron después de imprimirlo y armaron con él una pinza, un caminante y un robot gusano.
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La aleta de gel mide lo que un chicle y la mueve una capa de células musculares más delgada que un cabello, activada con destellos de luz.

Investigadores de KAIST, Caltech y NTU lo mueven con músculos artificiales que se contraen con calor y un parche en el dedo con nanotubos de carbono.

Mide entre 1 y 3 milímetros de diámetro, no tiene engranajes y cuatro unidades juntas levantan una barra de chocolate de 46 gramos.

Riley reemplazó el hotend por una bomba de jeringa abierta e imprimió queso crema, epoxi y silicona dentro de gel para el pelo.

Fibras ópticas de goma en zigzag y un algoritmo convierten la luz que las atraviesa en un modelo 3D casi en tiempo real, con menos de 0,4 cm de error.

Mide lo que un chicle, se mueve con una sola capa de músculo que se contrae con luz y no lleva electrónica a bordo.

El robot no lleva electrónica. Una cuerda de elastómero de cristal líquido se tuerce con el calor de la luz y un tope de aluminio lo lanza hasta 80 veces su altura.

Los bifur-circuits son metamateriales auxéticos impresos en 3D que mantienen sus conexiones eléctricas sin importar cómo se roten o se doblen, y que detectan por sí mismos la forma que tomaron.

El pez robótico conserva el diseño mecánico en toda la escala y solo cambia el grosor de las varillas de fibra de vidrio que forman la cola.

El Instituto Italiano de Tecnología construyó un robot de 11,8 gramos que salta, rueda, se desliza y trepa pendientes usando solo un resorte que reacciona al calor y la forma de su carcasa.
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